lunes, 22 de noviembre de 2010

Casualidades amarillas

Casualidad, véase combinación de circunstancias que no se pueden prever ni evitar.

Así pues, he decidido que sea casualidad el hecho de haber conocido a una persona que es tan parecida a otra que ya conozco, no sé si me explico.

Hace un par de días, no más, conocí a un amarillo: una de esas personas que pasan por tu vida en un momento determinado y que forman parte muy intensa de ese preciado presente, y que posiblemente, nunca más vuelva a ver.
Pero aun así, da la remota casualidad (por llamarlo de alguna manera, ya que podría ser una mala jugada de Don Destino), que previamente ya conocía a esa persona, aunque en otro cuerpo. Me resulta un tanto extraño expresarme, será que todavía estoy en estado de shock… Sinceramente, no creía poder estar con otra persona igual a 'esa otra'. Me quedé pensando un buen rato, aunque no en la persona que acababa de conocer, si no en la que me recordaba, en la que ya conocía..
Con iguales no me estoy refiriendo a apariencias físicas, sino a dos personas que comparten orígenes en una misma isla (coincide que sea mi isla favorita), y cantidad de rasgos psicológicos, aficiones, un mismo ámbito profesional e intereses que van más allá de la pura casuística. Me apasiona que pueda haber gente así.

Estos dos días, el 'inquilino' ha sido mi amarillo… una persona que va más allá de los amantes, de las familias, los amigos o cualquier tipo de relación afectiva. Persona con la que conectar en un minuto, algunos días o toda la vida. Cuando ves pasar a ese tipo de personas por la calle, a través de la puerta de tu casa, en el metro o mientras tomas un café sentado en la terraza de un bar sientes algo fuerte, te das cuenta de que son especiales para ti, y viceversa, aunque nunca llegues a conocerlo. Seguramente no vuelva a ver más a ese 'amarillo', aunque me ha hecho que pensar.


Hace años que el 'amarillo' se convirtió en mi manera de vivir, mi manera de ducharme, desayunar, trabajar, leer, hablar, amar, cantar, dormir y mirar cómo duermen...

lunes, 8 de noviembre de 2010

Incubando


La vida te da golpes golpes te da la vida. Al cuerno con las pérdidas positivas. Lo siento A., pero estos días no voy a apoyar tus teorías acerca de la pérdida de principios y de la aceptación con el tiempo del perder. No quiero volver a perder nada en la vida. ¿Objetivo, quizás?. Más bien, ingenuidad. Seguramente, termine por saltar del carro de los que quieren evitar lo inevitable.

 "Sin objetivos ya pueden ustedes retirarse de la vida, señores!", un DirCom me dixit.

Mientras incubo mi primer resfriado de la temporada e intento consolarme llenando mi cama con mantas y cojines, procuro transformar el ritmo frenético de la semana en energía, para que nada se pierda y todo se transforme. 
De mi fiebre hago calor, el calor se transforma en movimiento, éste en gotas de sudor, que terminan en agua, vapor y viento. 
Pese a la voz ronca que estos días me persigue, no hago otra cosa que cantar clásicos como el de Daryl Hall & John Oates (sí, he vuelto a vuelto a ver la película -quereser obligatorio cuando uno está en cama- y es senzillamente genial...). Quien pudiera levantarse cada día cual vencedor de una batalla. Sólo sé que mañana, cuando me despierte, mi gripe va a seguir dándome guerra.