domingo, 19 de septiembre de 2010

Mañana

Seréis muchos los sorprendidos si os digo que hoy he comprado billete para subir al tren. Increíble pero cierto, Irene lo ha hecho, pues quería empezar bien mi nueva etapa. De hecho, todavía no recuerdo haber terminado cómo Dios manda la anterior, aunque tampoco tengo claro si quiero hacerlo y prefiero pasar a la siguiente sin pensar en.

Lo reconozco, soy una ilegal, pero hay pocas cosas que me den más rabia que gastarme 7 euros (siempre cojo 'sólo ida', nunca se cuando voy a volver) en un billete de tren a Barcelona para terminar sentada en el hueco de las escaleras entre vagón y vagón, con un 'petate' (véase maleta/bulto) de 1/3 de mi peso y dos ciclistas con sus respectivas bicicletas, cuando todo el mundo ha decidido coger el tren del domingo a las 18.57 y que, para colmo, no pase el revisor. 
Dentro del 'Top five' de 'Cosas que no soporto' (es una lista mental, todavía no está disponible en formato papel) encontramos cómo uno de los más relevantes el ruido de monedas-tapas-tapones-totems-peonzas rodando sobre si mismas esperando a que se detengan y caigan definitivamente inertes al suelo. Pensaréis que se trata de un ruido poco común, pero cada vez que abro el bote de Nocilla me sucede al dejar la tapa en el mármol.. me pone extremadamente nerviosa.


La maleta he decidido deshacerla mañana, puesto que tenía un par de sábanas limpias en el piso esperando ser utilizadas.
La sensación que he experimentado al colocar la funda del nórdico de mi nueva (y por cierto, más grande) cama ha sido es-pec-ta-cu-lar. Creo que esta noche voy a perderme en ella. 
Recuerdo -es algo de nostalgia- los dos primeros años en Barcelona encogida en una cama de 80 y experimentando las escasas posturas que se podían adoptar en ella durmieran una o dos personas y sumándole los respectivos dolores musculares a la mañana siguiente. Adoraba llegar el fin de semana a casa para saborear cada centímetro de más.
Y qué decir de la estandarizada cama de 90, un lujazo por aquel entonces cuando empece a vivir en pisos del Eixample Esquerra. 
Pero siempre hay un antes y un después de, y ahora es cuando puedo presumir de MI cama de 105, oh si, e invitar a cuantos y cuantas me apetezcan a revolcarse en ella, puesto que siempre he pensado que una cama grande es para compartir, ya sea con vecinos, amigos, ex-amigos, paisanos, extranjeros (añadir género femenino en cada una de sus formas, o no). 
Una cama es un binomio de colchón y cojin(es). Si antes ya dormía con tres -adoro sentirme envuelta por ellos-, ahora creo que vamos a aumentar la familia en un par más. Hecho. Mañana mismo, después de atracar a Don Mercadona en iogures-pasta-verdura(cebolla inclusive)-fruta-palomitas-cafe-chocolate, voy a comprarme dos cojines más (¿no se si Hacendado los fabrica?). Y si, también he hecho una lista de la compra para mañana.


Quisiera mencionar que he dejado de buscar cualquier tipo de inspiración en el cine. La última película que vi me desanimó por completo: lloré, pensé, canté, comí golosinas, apunté nombres de grupos de música en el móbil y muchas cosas más que uno no debe hacer cuando va al cine. Hacía mucho que no me prometía no volver hasta que no se me pase esto que llevo por dentro, aunque creo que le queda poco, más bien muy poco. Hasta que no me traiga la moto, el cine me queda demasiado lejos como para.


Mañana empiezo a trabajar. Mañana.

2 comentarios:

  1. Tengo curiosidad por... qué película te hizo sentir así? Tengo ganas de una de esas!

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  2. Lloré porqué me di cuenta de que no podía evitar lo inevitable; pensé en que me quedaban tres días antes de empezar de nuevo; canté porqué adoro cantar en voz baja las canciones en el cine; comí golosinas en el cine porqué creo recordar que nunca antes lo había hecho; apunté el nombre de 'The Boxer rebellion' como grupo favorito del mes. ¿La película? Lo de menos ;)

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