miércoles, 22 de septiembre de 2010

No me pidas que te bese porqué te besaré

Hoy he cogido un boli antes de salir de casa, no os podéis imaginar la rabia que me dio ayer al darme cuenta de que me lo había olvidado nada más entrar en la boca del metro mientras metía la mano en el bolso y la movía cual ventilador fuera de control. 
Hace poco empecé (volví a empezar) a leer mi libro favorito y consideré que esta segunda lectura precisaba de un bolígrafo para subrayar mis partes favoritas. Normalmente siempre llevo un boli en cada bolso, pero esta vez, con todo el rollo del traslado y demás se me debió perder alguno por el camino, justamente el que llevo siempre en el bolso negro. Recuerdo que me lo compré (el bolso) un día en que mi amiga H. me vino a visitar a Barcelona. Adoro cuando alguien viene a verme, aunque sólo sea para comer al mediodía y despedirnos a media tarde coincidiendo que tenía visita al médico, hacen que me sienta bien. Ese día la llevé a un restaurante del carrer del Carme, en el Raval. Le conté a H. que el nombre del local era el prefijo de los Ángeles, puesto que los dueños eran de allí. Igual, algún día, si monto mi propio negocio lo llamo 977. No lo sé.

¿Por qué vuelvo a hablar sobre mi libro favorito? Albert hace que cada frase que lea me entre por las venas y recorra todo mi cuerpo. Leer y releer sus libros (2) es sencillamente especial, hace que una persona se sienta un ser único y aprendes a valorar las pequeñas cosas que a uno le hacen ser feliz.

P. me ha visto muy cansada cuando ha llegado a casa -hoy me he pasado el día documentándome sobre cultura nórdica y documentales musicales de autores nórdicos puesto que en el trabajo llevamos la press office de un festival sobre cultura nórdica en Madrid, y mañana más...- y se ha ofrecido a hacer la cena para los dos. Pensaba que me deleitaría con algún plato típico de Normandía, pero no, supongo que hacer pasta y pavo a la crema de leche es mucho más rápido y, de esta forma, no se la jugaba a que le dijera que no me gustaba lo que hubiera o hubiese podido preparar.
Estábamos hablando, ya sentados en la mesa de la cocina, cuando ha dejado su cuchara (él quería decir tenedor, pero a veces se confunde) y me ha dicho, con acento francés, que odiaba que las manos le olieran a cebolla después de cocinar (esto es verídico). No me lo podía creer. Evidentemente, le he revelado mi secreto, aunque el ha preferido untar sus manos en Fairy puesto que mi solución no le ha convencido para nada (supongo que todavía le deben oler..).

Mientras yo fregaba las paellas y el ponía el lavaplatos con todos los demás cacharros, he pensado que esta noche estaba demasiado cansada como para leer (mejor lo dejaba para mañana en el metro, que aunque sólo sean 2 paradas continúo leyendo hasta que llego al portal donde trabajo), y vería una película. Pero no una cualquiera, una dirigida y producida por Espinosa. Hasta aquí puedo leer. Sólo comentar que ahora mismo me siento especial y que he sido incapaz de meterme en la cama sin antes tararear varias veces la canción que, a propósito, es el nombre de la película de esta noche.


No me pidas que te bese porqué te besaré
http://www.youtube.com/watch?v=S31SKmbanoI

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