domingo, 26 de septiembre de 2010

Barcelona tiene backstage

Nervios en todos y cada uno de los backstage; debajo de todas las sombrillas patrocinadas por DAMM (what else?), en cada lata de cerveza, en el interior de todos los contenedores que, por unos días, actuaban de camerinos.

Mientras me dirigía a cubrir mi último concierto, andando sola por la calle Tallers a las 11.30 de la noche dirección al Viena de la calle Pelayo para saciar mi estómago, el cual llevaba toda la noche entonando una canción para nada agradable a mis oídos, un chico con acento americano que estaba sentado en un portal y que acariciaba una guitarra con la yema de sus dedos me susurró 'this one's for you'  justo al pasar por su lado. No llegué a identificar esas notas, aunque me recordaron a una canción de cuyo nombre no consigo acordarme. Seguí andando.
Hacía mucho tiempo que nadie me dedicaba una canción. Creo recordar que la última vez fue cuando tenía 12 años durante unos campamentos de verano con el colegio en Vilaller. Allí nos juntábamos con otra escuela de Lérida y juntos disfrutábamos de 2 intensas semanas en el Pirineo catalán. Por las tardes teníamos ratos libres y un monitor cambiaba su pañoleta por un radiocasete y nos hacía de dijei. Podíamos pedirle cualquier canción y dedicársela a quien quisiéramos. En la fachada de la casa estaban dispuestos los altavoces -más bien parecía un castillo, un internado en medio de un bosque y con un río al lado. Era un tanto lúgubre, pero aun así recuerdo esa casa con anhelo. J., un amigo leridano con el que ya llevaba varios años coincidiendo en los campamentos, me dedicó una canción. No recuerdo cual era.

Me pedí una 'coca de pollastre' y seguí mi camino hacia el Portal de la Pau, lugar de mi último bolo de la noche. Ya estaba muy cansada. Tenía ganas de llegar, fichar e irme a casa a dormir. Empecé a bajar las Ramblas. Estaban llenas, abarrotadas como siempre. Eran cerca de las 00.30 de la madrugada, había conciertos, actividades variadas por toda la ciudad y proyecciones en el Parc de la Ciutadella.. y aún así, la gente se apelotonaba en las Ramblas paseando sin rumbo fijo. Seguí bajando y justo cuando estaba llegando a la Boquería, un pelotón de gente me impedía el paso. Estaban detenidos escuchando a una chica de voz angelical cantar 'Stand by me'. Me detuve, no pude evitarlo.
El ambiente olía a La Rambla de las Flores y respirar ese microclima primaveral me hizo estornudar un par de veces (Delafé señora!). Me entusiasma que los recuerdos desprendan un olor.
Continué esquivando a un grupo de turistas enfrente del Liceo (espero poder presenciar alguna ópera algún día. Sólo de pensarlo se me pone la gallina de piel). Me vino un escalofrío y con él me alegré de haber cogido la 'chupa de piel', puesto que a medida que voy bajando La Rambla empiezo a notar la brisa del mar y el frío cala en mis piernas, débilmente protegidas por unas finas medias negras (quién me mandó a mi ponerme vestido hoy). Sí, soy la persona más friolera que conozco.

Desde la Plaça del Teatre divisé la estatua de Colón y con ella el fin de mis noches en los backstage de grupos variopintos. Algunos de ellos tienen todas sus esperanzas puestas en La Mercé, esperando algún tipo de proyección local o nacional. Otros, ya reconocidos por YouTube, simplemente actúan en escenarios inundados por la magia de Barcelona, que de bien seguro deslumbrarán en su currículum vitae de 'artistas-mejor-pagados-que-los-anteriores'


Jil is Lucky @ BAM
Incluso tratándose de ellos, conjuntos con experiencia y unas tablas demostrables encima de los escenarios, los nervios de cada uno de los componentes era palpable y se veía desde lejos. Mientras esperaba la entrada de los fotógrafos debidamente acreditados, me senté en las típicas sillas de bar rojas con el símbolo de 'Estrella' en el respaldo, a observar las diferentes reacciones de los grupos antes de subir a los escenarios. Recuerdo a un batería haciendo malabares con las baquetas. Otros se contaban chistes entre ellos mientras dos guitarristas jugaban con una de esas manos que hacen 'clac-clac' y competían con los aplausos que el público estaba regalando al conjunto anterior. JIL jugaban a baloncesto con una caja de cartón y con el papel de envolver un bocadillo. Estos mismos, uno a uno dispuestos en fila india, pasaron a darle un beso a su manager, un hombre de color de 1.90 que no pasaba precisamente por desapercibido. Fue curioso ver como ninguno de ellos era capaz de saltarse ese ritual y subir al escenario sin antes rozas sus labios con la mejilla de su hombre, su amuleto. El ambiente aquí dentro es especial.

Desde el foso obtenía una perspectiva global de todo el escenario, así como de la cantidad de gente que esperaba oír el primer compás de su canción favorita. Junto a ellos, y ocupando las primeras filas (nuestra obsesión) un vagabundo que cargaba una mochila más grande que él tarareaba canciones sin cesar y bailaba al son de unos compases inventados y arrítmicos, mientras que una mujer con un delantal bailaba a su alrededor. Él la gritaba 'Guapaaa' con todas sus fuerzas, y ella le respondía feliz con un sensual movimiento de caderas.
En este caso, estaba en Plaça dels Àngels, con el MACBA actuando de
fondo de pantalla para mis ojos.

Anoche me la pasé sola por Barcelona, conciertos arriba, conciertos abajo, y entre bolo y bolo me dio tiempo a pensar, incluso escribí cuatro notas para hoy. Cuando las chicas me llamaron ya estaba en el metro de camino a casa y me sentía incapaz de unirme a ellas y a sus ganas de celebrar el reencuentro a las 3 de la mañana en el barrio de la Mercé, más arriba de dónde Cristo perdió su zapatilla. Anoche pensé en las pérdidas, en cómo pueden ser positivas. Me di cuenta de que aceptar una pérdida es cuestión de tiempo, mientras que perder es cuestión de principios. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario